“Matando” a un aburrido Dragón…
Aquella mañana poco o nada podía animarle a levantarse de la cama. No había nada en el ambiente que augurase una resolución positiva de tan compleja empresa; el cielo gris aunque luminoso, el olor a lluvia de la noche, un olor rancio a tostadas quemadas y las ganas, sobre todo las pocas ganas de poner un pie fuera del nórdico calentado por su gata Kina a fuerza de ronronear durante horas. Un día muy duro se avecinaba por delante; a fin de cuentas nadie antes lo había conseguido… De repente un grito lo sacó de la cama -¡Jorgeee, te quiero…
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